Cabina de pulverizadora con el monitor del piloto automático agrícola

Piloto automático agrícola genera beneficios más allá del ahorro de combustible

Resumen

El piloto automático agrícola mantiene trayectorias más regulares y repetibles, reduciendo desviaciones, superposiciones y franjas sin tratamiento. Aunque puede contribuir a recorridos más eficientes y, en consecuencia, a un menor consumo de combustible en algunas operaciones, sus beneficios más constantes se observan en la calidad del manejo, el aprovechamiento del área, la preservación del cultivo y la atención del operador.

Principales puntos del artículo

En las operaciones agrícolas con pasadas sucesivas, pequeñas desviaciones pueden acumularse a lo largo del día. Por ejemplo, unos centímetros de más o de menos entre una línea y otra se convierten en áreas superpuestas, franjas sin tratamiento, plantas aplastadas y kilómetros recorridos sin necesidad.

Por eso, el piloto automático agrícola debe evaluarse por un conjunto de resultados y no solamente por el posible ahorro de combustible. Su principal función es hacer que el desplazamiento de la máquina sea más preciso y repetible. A partir de este control, surgen beneficios en la distribución de los insumos, la capacidad de trabajo, el aprovechamiento del área y la calidad de la operación.

La adopción avanza a diferentes ritmos en América Latina

De hecho, la incorporación de esta tecnología ya mostraba un avance significativo en uno de los principales mercados agrícolas de América Latina. Un estudio elaborado por investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) identificó un crecimiento promedio anual del 20 % en la incorporación de pilotos automáticos en Argentina durante los cinco años anteriores a 2019. El avance ocurrió principalmente en tractores, máquinas autopropulsadas y cosechadoras.

Sin embargo, este avance no ocurre de manera uniforme en la región. Una publicación sobre la transformación digital de la agricultura latinoamericana reunió a investigadores e instituciones como el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD). El estudio muestra que la transición continúa siendo desigual entre países, territorios y perfiles de productores. Las tecnologías de precisión y automatización tienden a estar más presentes en sistemas con mayor capitalización, mientras que la conectividad, la inversión y la capacitación todavía limitan su difusión.

Cómo funciona el piloto automático agrícola

El piloto automático agrícola utiliza un receptor de Sistema Global de Navegación por Satélite, conocido por la sigla GNSS, para determinar la posición de la máquina en el campo. A partir de una línea de referencia definida por el operador, el sistema calcula la trayectoria y realiza correcciones continuas en la dirección.

El conjunto incluye normalmente receptor, monitor, controlador y un mecanismo de accionamiento sobre la dirección. Un motor acoplado al volante ejecuta los movimientos en los sistemas eléctricos. Por su parte, las configuraciones hidráulicas actúan directamente sobre el circuito de dirección de la máquina, lo que permite respuestas más rápidas y mayor estabilidad en determinadas condiciones.

Además, las señales de corrección pueden aumentar la precisión del posicionamiento. La elección depende de las necesidades de la operación. Algunas actividades aceptan mayores variaciones entre pasadas, mientras que la siembra, las aplicaciones localizadas o el tráfico controlado pueden exigir precisión centimétrica y repetibilidad a lo largo del tiempo.

Aun así, dirección automática no significa operación autónoma. El operador continúa siendo responsable de supervisar la máquina, monitorear el implemento, observar el entorno y asumir el control siempre que sea necesario.

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Dónde están los beneficios más allá del ahorro de combustible

La reducción del consumo de combustible puede ocurrir cuando el direccionamiento más preciso disminuye las correcciones de trayectoria, las superposiciones y los desplazamientos innecesarios. En particular, la intensidad de este beneficio varía según la operación, el conjunto mecanizado, el relieve y el patrón de conducción. Por eso, el retorno del piloto automático agrícola debe analizarse de manera más amplia, considerando también la precisión, la repetibilidad y la preservación del cultivo.

Cuando las pasadas son más uniformes, el área efectivamente trabajada se aproxima al área planificada. Como consecuencia, el productor reduce la repetición de operaciones y mejora la distribución de semillas, fertilizantes o productos fitosanitarios.

Por otra parte, el cultivo también obtiene beneficios. En las operaciones realizadas después de la emergencia, las desviaciones de trayectoria pueden aumentar el aplastamiento de las plantas. Con líneas más consistentes, la máquina tiende a permanecer en las franjas previstas y a reducir los daños provocados por el tránsito.

En este sentido, los datos presentados por Jacto ayudan a dimensionar este efecto. El piloto eléctrico puede reducir el aplastamiento del cultivo hasta en un 25%. Por su parte, el piloto hidráulico indica una reducción de hasta un 30 %, además de compensar inclinaciones y deslizamientos en terrenos irregulares.

Además, cuando la tecnología forma parte de una estrategia de tráfico controlado, es posible concentrar la circulación en trayectorias definidas y evitar que las ruedas ocupen nuevas partes del área en cada entrada.

Por lo tanto, el beneficio no consiste únicamente en gastar menos para mover la máquina. También consiste en preservar una mayor parte del área productiva y realizar el manejo con menor variabilidad.

La precisión entre pasadas mejora el uso de los insumos

En primer lugar, la regularidad de las líneas de siembra reduce las fallas y las superposiciones laterales. De esta manera, el espaciamiento planificado se mantiene con mayor consistencia, favoreciendo las operaciones posteriores y facilitando el desplazamiento de la pulverizadora, la fertilizadora y la cosechadora.

Asimismo, en la fertilización, el direccionamiento preciso ayuda a distribuir el producto en franjas más uniformes. Esto disminuye la aparición de áreas que reciben dos pasadas y de puntos en los que el insumo no es depositado. El mismo principio se aplica a las aplicaciones fitosanitarias, principalmente en áreas extensas o con pocas referencias visuales.

Sin embargo, es importante diferenciar el direccionamiento automático del control de aplicación. El piloto automático agrícola mantiene la máquina alineada. En cambio, el control automático de secciones abre o cierra partes de la barra al entrar en áreas tratadas anteriormente. Cuando ambas tecnologías trabajan de manera integrada, el control de las superposiciones se vuelve más completo.

Además, esta integración mejora la calidad de los mapas operativos. Al fin y al cabo, una trayectoria más estable permite registrar con mayor fidelidad por dónde pasó la máquina, qué franjas fueron trabajadas y cómo avanzó la operación dentro del lote.

Menor fatiga favorece el control de la operación

Conducir una máquina durante varias horas exige atención constante para mantener la alineación, seguir las referencias del terreno y controlar el implemento. A medida que avanza la jornada, la fatiga puede aumentar la frecuencia de las correcciones y reducir la regularidad entre las pasadas.

En este contexto, el piloto automático agrícola asume parte del esfuerzo de direccionamiento. Así, el operador puede dedicar más atención a la velocidad, al funcionamiento del implemento, a las condiciones ambientales y a las alertas que aparecen en el monitor.

En particular, este beneficio adquiere importancia en las aplicaciones de pulverización, en las que también es necesario observar la estabilidad de las barras, la presión, el volumen aplicado y la presencia de obstáculos. Además, el sistema ayuda a mantener el patrón de desplazamiento en operaciones nocturnas o en situaciones de menor visibilidad, siempre que se mantengan las condiciones de seguridad.

Aun así, la tecnología no elimina la responsabilidad humana. Por el contrario, reorganiza la atención del operador para que pueda supervisar las variables que más influyen en la calidad y la seguridad del trabajo.

La capacidad de trabajo depende de la planificación y la repetibilidad

La capacidad operativa no está determinada únicamente por la velocidad de la máquina. También depende del tiempo empleado en maniobras, correcciones, reinicios de línea y repeticiones de tramos que ya fueron trabajados.

De este modo, con trayectorias planificadas y pasadas paralelas, el piloto automático ayuda a reducir parte de estas pérdidas. En consecuencia, el equipo puede aprovechar mejor las ventanas disponibles para sembrar, fertilizar, pulverizar o cosechar.

Este beneficio puede ser decisivo cuando el período adecuado para realizar una operación es corto. En la pulverización, por ejemplo, los cambios en el viento, la temperatura y la humedad pueden interrumpir el trabajo. Por lo tanto, cubrir el área planificada con regularidad durante las horas favorables puede ser más relevante que simplemente aumentar la velocidad.

Además, las líneas registradas pueden reutilizarse en operaciones futuras cuando el sistema y el nivel de corrección permiten la repetibilidad. Esto facilita regresar a la misma trayectoria y contribuye a organizar el tránsito de las máquinas a lo largo del ciclo.

El piloto automático no sustituye otros ajustes

Una trayectoria precisa no corrige un implemento mal ajustado. Por ejemplo, si la sembradora está depositando las semillas de manera irregular, la fertilizadora presenta una distribución transversal inadecuada o la pulverizadora trabaja con boquillas desgastadas, el piloto automático simplemente repetirá el problema con mayor regularidad.

Por esta razón, el sistema debe integrarse a una rutina técnica que incluya la configuración del ancho de trabajo, la calibración del implemento, la verificación de la posición de la antena y la revisión de los parámetros de la máquina.

En la pulverización, también es necesario considerar la presión, el caudal, la velocidad, la altura de las barras, el tamaño de las gotas y las condiciones meteorológicas. Al mismo tiempo, el control automático de secciones puede complementar el direccionamiento, principalmente en las cabeceras y en áreas irregulares.

Así, el piloto automático agrícola debe entenderse como parte de un conjunto de tecnologías. Su potencial aparece cuando la trayectoria, la aplicación y el registro de datos siguen la misma lógica operativa.

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Cómo evaluar el sistema adecuado para cada operación

Antes de realizar la inversión, es importante relacionar la tecnología con los problemas observados en el campo. Por ejemplo, una operación con un gran número de superposiciones requiere un análisis diferente de aquella que busca repetir las mismas líneas entre la siembra y los manejos posteriores.

Entre los criterios que deben orientar esta decisión se encuentran:

  • tipo de máquina y compatibilidad con sistemas eléctricos o hidráulicos;
  • ancho y características del implemento utilizado;
  • precisión exigida por la operación y necesidad de repetibilidad;
  • forma, relieve y presencia de obstáculos en los lotes;
  • disponibilidad de señal de corrección en la región;
  • integración con control de secciones, tasa variable, mapas y telemetría;
  • facilidad de calibración, soporte técnico y capacitación de los operadores;
  • posibilidad de transferir el equipo entre diferentes máquinas.

Además, es recomendable establecer indicadores antes de comenzar a utilizarlo. El área trabajada, los kilómetros recorridos, el tiempo por hectárea, el consumo de combustible, la superposición, el aplastamiento y la calidad de los mapas ayudan a comparar el desempeño anterior con los resultados obtenidos después de la adopción.

De esta manera, el análisis deja de depender únicamente de la percepción del operador y comienza a considerar evidencias de la propia operación.

Convertir la precisión de la trayectoria en resultados agronómicos

En síntesis, el piloto automático agrícola genera valor cuando la precisión del desplazamiento mejora la ejecución del manejo. El menor consumo de combustible puede formar parte de este retorno, pero no resume el resultado.

De este modo, las pasadas regulares reducen las desviaciones, preservan el cultivo, favorecen la distribución de los insumos y mantienen el patrón de trabajo a lo largo de la jornada. Además, las trayectorias registradas crean una base más consistente para los mapas, el control de aplicación y la planificación de las próximas entradas al área.

Sin embargo, los beneficios dependen de la configuración correcta, de la señal utilizada, de la compatibilidad entre la máquina y el implemento, y de la capacitación del operador. Por eso, la decisión debe partir de las necesidades reales de la propiedad y de los indicadores que serán monitoreados.

Finalmente, al integrar el direccionamiento automático, los ajustes y la gestión de datos, el productor transforma centímetros de precisión en hectáreas trabajadas con mayor control. Conoce las soluciones de agricultura de precisión de Jacto y evalúa qué configuraciones pueden contribuir a las operaciones de su propiedad.

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