Veranillos en América del Sur y los ajustes de manejo que ayudan a reducir las pérdidas
Resumen: El veranillo puede alterar el desarrollo de los cultivos y las condiciones para realizar diferentes labores en el campo. Sus impactos varían según la duración del período seco, el tipo de suelo, la etapa de desarrollo de las plantas y el historial de cada lote. Por ello, el monitoreo climático debe estar acompañado de datos agronómicos y operativos para orientar decisiones más precisas.
Principales puntos del artículo
- Por qué el veranillo volvió a ocupar un lugar central en las decisiones del campo
- Qué caracteriza al veranillo en la agricultura
- Cómo el veranillo afecta a diferentes cultivos en América del Sur
- Qué decisiones operativas pueden reducir sus impactos
- Cómo los datos ayudan a identificar las áreas más vulnerables
- Cómo la agricultura de precisión contribuye a responder a los eventos climáticos
¿Por qué el veranillo volvió a ocupar un lugar central en las decisiones del campo?
El veranillo en la agricultura puede modificar el desarrollo de los cultivos y las condiciones para realizar distintas labores en el campo. Aunque se trata de un fenómeno temporal, puede generar efectos importantes. La falta de lluvias, las altas temperaturas y la baja humedad incrementan la pérdida de agua del suelo y de las plantas. El riesgo es mayor cuando el cultivo ya presenta una disponibilidad limitada de agua.
Un episodio registrado a comienzos de 2026 demuestra la rapidez con la que una interrupción de las lluvias puede cambiar las perspectivas productivas. En enero, la región núcleo de Argentina recibió menos de cuarenta milímetros de precipitación, frente a un promedio histórico cercano a ciento diez milímetros. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la reducción de aproximadamente el sesenta y seis por ciento de las lluvias profundizó el déficit hídrico y limitó el potencial productivo de la soja de primera. Además, casi la mitad de las áreas de maíz tardío y de segunda presentaban una condición regular debido a los efectos del calor y la falta de agua.
Este episodio ocurrió durante el verano argentino y no describe necesariamente las condiciones de toda América del Sur. Sin embargo, demuestra por qué los promedios regionales y los pronósticos generales no son suficientes para orientar el manejo. El productor necesita evaluar cómo responde cada ambiente a la restricción hídrica y qué labores pueden ajustarse según las condiciones observadas.
¿Qué caracteriza al veranillo en la agricultura?
El veranillo es un período de tiempo seco y relativamente cálido que ocurre dentro de una estación que normalmente es más fría o lluviosa. Su duración e intensidad varían según la región. Por ello, no existe un número único de días que permita caracterizar este fenómeno en todos los ambientes agrícolas.
Además de la reducción o ausencia de lluvias, este período puede presentar temperaturas elevadas, mayor incidencia de radiación solar, vientos y baja humedad relativa. En conjunto, estos factores favorecen la evaporación del agua presente en el suelo. Al mismo tiempo, aumentan la transpiración y la demanda hídrica de las plantas.
El riesgo agronómico depende, en gran medida, de las condiciones previas al evento. Un suelo con buena reserva de agua y una estructura adecuada puede sostener el desarrollo de las plantas durante más tiempo. En cambio, las áreas con baja capacidad de retención de agua, compactación o raíces superficiales tienden a responder rápidamente a la restricción hídrica.
La etapa fenológica del cultivo también debe considerarse. Durante la germinación y la emergencia, la falta de agua puede dificultar el establecimiento uniforme del cultivo. En las etapas reproductivas, el déficit hídrico puede afectar la floración, la polinización y el llenado de los granos o frutos.
Por lo tanto, los impactos del veranillo en la agricultura no deben evaluarse únicamente por la cantidad de días sin lluvia. También es necesario considerar el agua disponible en el suelo, la demanda atmosférica, la etapa de desarrollo de las plantas y las características de cada ambiente productivo.
¿Cómo afecta el veranillo a los diferentes cultivos en América del Sur?
Los cultivos responden de manera diferente al déficit hídrico. Además, un mismo lote puede presentar distintos niveles de estrés. La profundidad del suelo, el relieve, la compactación, la fertilidad y la capacidad de almacenamiento de agua ayudan a explicar estas diferencias.
Cultivos anuales
En la soja, la restricción hídrica durante el establecimiento puede reducir la uniformidad de la emergencia y limitar el crecimiento inicial. Si el estrés ocurre durante la floración o el llenado de los granos, puede haber una menor formación de vainas y una reducción del peso final de la producción.
En el maíz, los períodos que requieren mayor atención incluyen el establecimiento del cultivo, la floración y la formación de los granos. La falta de agua puede limitar el desarrollo vegetativo. Además, cuando ocurre durante la etapa reproductiva, puede comprometer la polinización y la formación de las mazorcas.
En el trigo, un veranillo durante las etapas iniciales puede dificultar la emergencia y reducir la uniformidad del cultivo. El riesgo aumenta cuando la siembra se realiza en un suelo con poca humedad. En las áreas ya establecidas, la respuesta dependerá del desarrollo de las raíces y de la reserva de agua acumulada.
Las condiciones cálidas y secas también pueden modificar el desarrollo de malezas, plagas y enfermedades.
Sin embargo, la necesidad de realizar un control no significa que cualquier momento sea adecuado para la aplicación de productos fitosanitarios. Antes de pulverizar, es necesario verificar si las condiciones del ambiente permiten que las gotas alcancen el objetivo con una cobertura y deposición satisfactorias.
Cultivos perennes y semiperennes
En los cítricos, los períodos de restricción hídrica pueden interferir en la brotación, la floración y el desarrollo de los frutos. La intensidad de la respuesta varía según la edad del huerto, la etapa productiva, el tipo de suelo y la disponibilidad de riego.
En la caña de azúcar, el impacto depende del momento del ciclo y de la duración del déficit hídrico. Las áreas en establecimiento o crecimiento vegetativo pueden presentar una reducción en su desarrollo.
Por otro lado, los cultivos que se encuentran en etapas más avanzadas pueden responder de manera diferente a la disminución temporal del agua disponible.
En ambos casos, esperar únicamente a la aparición de síntomas visibles puede retrasar la identificación del problema. Cuando la pérdida de vigor se hace evidente en una superficie extensa, parte de los efectos fisiológicos ya puede haberse producido. Por ello, el uso de imágenes, registros históricos e inspecciones frecuentes ayuda a detectar los cambios con mayor anticipación.
¿Qué decisiones operativas pueden reducir los impactos?
Ninguna decisión operativa puede eliminar la falta de lluvias. Sin embargo, realizar ajustes en la planificación puede evitar pérdidas adicionales. Por ejemplo, las aplicaciones efectuadas en condiciones inadecuadas pueden reducir el aprovechamiento de los insumos y aumentar el riesgo de deriva.
El manejo frente al veranillo en la agricultura debe combinar el monitoreo climático, la evaluación del cultivo y la revisión de las labores programadas.
Evaluar las condiciones antes de pulverizar
Durante los períodos cálidos y secos, la temperatura, la humedad relativa y la velocidad del viento deben verificarse antes y durante la pulverización.
La baja humedad favorece la evaporación del agua contenida en las gotas. Como consecuencia, estas pueden perder volumen durante el recorrido entre la boquilla y el objetivo. Además, las gotas más pequeñas permanecen suspendidas por más tiempo y son más susceptibles a la deriva.
Las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para las aplicaciones terrestres destacan que la temperatura, la humedad relativa, la dirección y la velocidad del viento influyen en la eficiencia de la deposición de la pulverización.
Por esta razón, el horario inicialmente previsto para la aplicación puede requerir ajustes. En muchos casos, los períodos con temperaturas más moderadas y mayor humedad ofrecen mejores condiciones.
Aun así, también es necesario considerar la velocidad del viento, la presencia de rocío, el riesgo de inversión térmica y las recomendaciones específicas del producto.
Ajustar el espectro de gotas al objetivo
El aumento del riesgo de evaporación y deriva no significa que el productor deba elegir automáticamente el tamaño de gota más grueso disponible.
El espectro de gotas adecuado depende del objetivo biológico, del producto utilizado, de la cobertura requerida y de la arquitectura del cultivo. También debe considerar el equipo de aplicación, el volumen de pulverización y las condiciones ambientales.
Las gotas de mayor tamaño tienden a presentar un menor riesgo de deriva. Sin embargo, pueden reducir la cobertura cuando se utilizan sin considerar las exigencias del control. Por ello, la calibración debe buscar un equilibrio entre deposición, cobertura y seguridad.
Entre las técnicas para reducir la deriva recopiladas por la FAO se encuentran el uso de boquillas adecuadas, la reducción de la altura de la barra de pulverización y diferentes recursos de asistencia o protección durante la aplicación. No obstante, la elección de estas medidas debe considerar la disponibilidad técnica y el objetivo de la pulverización.
Además del espectro de gotas, la presión de trabajo, la altura de la barra, la velocidad de desplazamiento y el espaciamiento entre boquillas deben mantenerse acordes con el objetivo de la aplicación.
Reevaluar el momento de la aplicación
Las plantas sometidas a estrés hídrico pueden responder de manera diferente a los tratamientos. Además, las aplicaciones realizadas bajo temperaturas elevadas y baja humedad pueden perder eficacia incluso antes de alcanzar el objetivo.
Antes de ingresar al lote, es necesario verificar:
- el estado fisiológico del cultivo;
- la urgencia del control;
- las condiciones ambientales;
- las recomendaciones de la etiqueta del producto;
- el comportamiento esperado del producto;
- la posibilidad de esperar una ventana climática más favorable.
Sin embargo, postergar la aplicación no debe ser una decisión automática. Cuando existe una alta presión de plagas o enfermedades, esperar también puede incrementar los daños. En estos casos, la decisión debe basarse en el monitoreo, el asesoramiento técnico y la evaluación del riesgo agronómico.
Monitorear el desarrollo de las plantas
El seguimiento debe ir más allá de una observación general del cultivo. Las diferencias de color, porte, cobertura del suelo y velocidad de crecimiento pueden indicar que determinados ambientes responden con mayor intensidad a la falta de agua.
Las inspecciones de campo siguen siendo indispensables. Sin embargo, cuando se complementan con imágenes, mapas y registros operativos, permiten orientar al equipo hacia las áreas que requieren atención prioritaria.
De este modo, el productor evita tratar todo el lote como si presentara el mismo nivel de vulnerabilidad.
¿Cómo ayudan los datos a identificar las áreas más vulnerables?
Los mapas de rendimiento permiten identificar diferencias que se repiten dentro de un mismo lote. Cuando una zona permanece entre las de menor rendimiento durante varias campañas, el productor puede investigar si esa respuesta está asociada con la profundidad del suelo, la compactación, la fertilidad o la capacidad de almacenamiento de agua.
Una experiencia presentada por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) demuestra el alcance de este tipo de análisis integrado. El trabajo reunió más de dos mil quinientos mapas de rendimiento, cincuenta y dos imágenes satelitales, análisis de suelo, mediciones de conductividad eléctrica y modelos de elevación del terreno. A partir de esta base, se procesaron alrededor de seiscientos cincuenta mil registros de rendimiento para identificar qué variables tenían mayor capacidad para predecir la productividad. Entre los resultados, el NDVI obtenido durante períodos secos y determinadas características del relieve contribuyeron a desarrollar modelos con una alta capacidad predictiva.
Este estudio sobre el uso de datos agrícolas integrados refuerza que los mapas, las imágenes y la información del suelo adquieren mayor valor cuando se analizan de forma conjunta.
Durante un veranillo, este historial puede ayudar a orientar las inspecciones hacia los ambientes que ya han demostrado una menor estabilidad productiva. Sin embargo, los datos por sí solos no explican la causa de la limitación. Por ello, deben contrastarse con las condiciones actuales del cultivo y con las observaciones realizadas en campo.
Los análisis de suelo, el relieve, el historial de aplicaciones y las inspecciones permiten verificar si la respuesta está relacionada con la compactación, la fertilidad, el drenaje o una menor disponibilidad de agua. De esta manera, el productor evita interpretar una pérdida de vigor únicamente como un efecto temporal del clima y puede construir un diagnóstico más sólido.
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La aplicación a tasa variable requiere un diagnóstico
El historial de variabilidad también puede orientar las aplicaciones a tasa variable. Sin embargo, el veranillo no debe utilizarse como una justificación aislada para aumentar o reducir las dosis.
La aplicación a tasa variable depende de mapas de recomendación, muestreos, interpretación agronómica y equipos correctamente calibrados. Su objetivo es ajustar la distribución de fertilizantes, enmiendas u otros insumos según las necesidades de cada ambiente. Por lo tanto, no se trata simplemente de reaccionar ante los síntomas visibles del cultivo.
Cuando existe un historial consistente, los datos ayudan a diferenciar una limitación temporal provocada por el clima de un problema recurrente relacionado con el suelo o con el manejo. Esta diferencia evita realizar correcciones inadecuadas y mejora el uso de los recursos.
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¿Cómo contribuye la agricultura de precisión a responder a los eventos climáticos?
La agricultura de precisión no evita que ocurran veranillos. Tampoco recupera automáticamente el potencial productivo perdido durante un período de estrés.
Su principal aporte radica en la capacidad de integrar diferentes fuentes de información y reducir el tiempo entre la identificación de un cambio y la toma de una decisión operativa.
Integrar datos para comprender cada ambiente productivo
Los datos meteorológicos muestran la evolución de la temperatura, las precipitaciones y la humedad. Los mapas indican cómo ha variado el rendimiento entre los distintos ambientes. Las imágenes permiten monitorear los cambios en la vegetación. Por su parte, los sistemas de monitoreo registran el momento y los parámetros de las labores realizadas.
El INTA también utiliza imágenes e índices de vegetación para monitorear anomalías a lo largo del tiempo. En 2026, la institución presentó un indicador temporal integrado a la plataforma SEPA para mostrar la duración de las anomalías negativas del Índice de Vegetación de Diferencia Normalizada (NDVI). Según el instituto, la incorporación del componente temporal permite una interpretación más precisa del estado de la vegetación y contribuye a una mejor toma de decisiones productivas.
Convertir la información en decisiones operativas
Cuando toda esta información se analiza de forma integrada, el productor puede identificar las áreas más vulnerables y orientar las inspecciones con mayor precisión. Además, puede replantear las aplicaciones y esperar condiciones más favorables cuando el riesgo operativo supera los beneficios de ingresar de inmediato al lote.
La respuesta al veranillo en la agricultura depende de la capacidad para interpretar lo que ocurre en cada ambiente productivo. Cuando los datos climáticos, los mapas, los registros de campo y la información operativa se analizan en conjunto, el productor puede identificar las áreas más vulnerables y decidir con mayor seguridad cuándo y cómo actuar.
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