Plantación de maíz en la fase post-espigamiento

Manejo del maíz post-espigamiento: clave para alta productividad

Ya El manejo del maíz en el post-espigamiento es decisivo para transformar el potencial productivo del cultivo en granos llenos, pesados y de calidad.

Especialmente en regiones donde existen desafíos hídricos y climáticos, el proceso debe realizarse de manera estratégica para garantizar la máxima productividad al final del ciclo.

Es el caso, por ejemplo, de México. El octavo mayor productor de maíz del mundo enfrenta una severa sequía y crisis hídrica, que impactarán directamente en los resultados de la producción.

Los productores locales están utilizando tecnologías para prever eventos climáticos, intentando mitigar las pérdidas mediante decisiones rápidas.

Además, buscan las mejores formas de manejo para contribuir al desarrollo de las plantas hasta el momento de la cosecha.

De acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la escasez de agua hará que la cosecha mexicana alcance uno de sus niveles más bajos en décadas.

Para 2025, se estima que la producción de maíz será de apenas 21,7 millones de toneladas, lo que representa una reducción significativa del 5,4% en comparación con 2024.

El manejo del maíz post-espigamiento es fundamental

En escenarios como este, las prácticas de manejo en el post-espigamiento se vuelven clave para proteger la productividad.

Esta fase és crítica en el ciclo –que dura en promedio siete semanas–, la planta necesita nutrición, agua suficiente y hojas verdes para completar el llenado de los granos.

Entonces en este artículo, nos enfocaremos en este período tan importante del proceso productivo del maíz y en cómo mitigar riesgos como los que actualmente enfrenta México.

Capacidad máxima en el manejo para lograr alta productividad

El post-espigamiento es la etapa crítica del maíz en la que los granos se están formando y acumulando reservas.

La fase de llenado de los granos impone la mayor exigencia energética a la planta de maíz, que debe operar a su máxima capacidad.

 Agua: uno de los factores decisivos para el llenado de granos

Un primer punto importante es que el maíz en el período de llenado de granos requiere alta disponibilidad de agua.

La falta de este recurso o el calor excesivo pueden llevar a una reducción en la tasa de llenado, comprometiendo el peso final del grano.

Por lo tanto, el monitoreo de la humedad del suelo debe ser preciso, buscando evitar tanto el estrés por sequía como el encharcamiento, que perjudica la absorción.

En el caso de los productores mexicanos, el monitoreo debe ser extremadamente preciso, al igual que las inversiones en tecnologías que optimicen el uso del agua.

De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Agricultura del país, en 2024 los agricultores mexicanos sembraron 21 millones de hectáreas.

De este total, 14,5 millones de hectáreas dependen de lluvias estacionales y los 6,5 millones de hectáreas restantes cuentan con sistemas de riego.

Para monitorear el clima y las precipitaciones, los productores han apostado por herramientas de inteligencia artificial que les permiten tomar decisiones más rápidas.

En las áreas que dependen de lluvias, utilizan herramientas que permiten monitorear la actividad climática en tiempo real.

Mientras que, para los cultivos con sistemas de riego, también existen tecnologías que ayudan a ahorrar grandes cantidades de agua.

El objetivo es proteger al máximo el cultivo, asegurando que el potencial productivo se transforme en granos llenos y pesados, a pesar de las condiciones climáticas.

Fotosíntesis

Otro punto importante es optimizar la captación de luz solar y garantizar que las hojas operen a su máxima capacidad de fotosíntesis.

Las condiciones ideales para que esto ocurra se basan en dos pilares:

  1. Estructura de siembra: 

Las condiciones ideales de espaciamiento entre las plantas son aquellas que maximizan la penetración de luz en las hojas, permiten la ventilación y evitan el sombreado excesivo.

El espaciamiento entre hileras también influye en el acceso al control de malezas y en la distribución de recursos entre las plantas.

El espaciamiento tradicional solía ser de entre 80 cm y 100 cm.

Sin embargo, lo que ha predominado en muchas regiones productoras es un espaciamiento reducido de 45 cm a 50 cm entre hileras.

Ya en 2010, una investigación realizada en la región de Jalisco, México, demostró que reducir el espaciamiento entre hileras de 76 cm a 50 cm aumentó significativamente la productividad por hectárea.

La mayor productividad se obtuvo con la siembra en hileras de 50 cm, con una densidad de al menos 90.000 plantas por hectárea.

A lo largo de los años, los productores se han ido adaptando a las nuevas posibilidades y experimentando lo que mejor se ajusta a la realidad de cada región.

Investigaciones científicas en distintas localidades muestran que la definición del espaciamiento ideal depende de factores específicos de cada escenario productivo.

Entre ellos, se destacan la variedad de semilla, el nivel de tecnología adoptado y las condiciones hídricas propias de cada área.

  1. Control de plagas y enfermedades: 

Para que las hojas continúen realizando fotosíntesis y asegurando el desarrollo de las plantas, el manejo del maíz post-espigamiento debe incluir el control de plagas.

Una hoja con enfermedad o atacada por plagas tiene su capacidad de fotosíntesis reducida, acelerando el declive productivo.

El manejo debe ser preventivo y enfocado en mantener el efecto stay-green, es decir, hojas y tallos verdes por más tiempo.

Enfermedades foliares como las royas y las manchas foliares pueden combatirse con la aplicación de fungicidas.

El momento ideal de pulverización suele ser entre el espigamiento y el llenado inicial de los granos.

Esta práctica garantiza que el área foliar verde permanezca intacta para sostener el llenado de los granos.

También es imprescindible el monitoreo continuo de plagas como la oruga del cartucho y los chinches.

El objetivo es evitar la pérdida de área foliar y los estreses que desvíen energía del llenado de los granos hacia la defensa de la planta.

Manejo de nutrientes: para cada etapa, una necesidad

Entre los principales nutrientes que no pueden faltar en el manejo del maíz post-espigamiento se encuentran el nitrógeno, potasio, zinc y boro.

El nitrógeno y el potasio son macronutrientes requeridos en grandes cantidades por la planta.

Para satisfacer la alta demanda durante la fase de llenado de granos, la principal vía de suministro es a través del suelo, mediante la fertilización de cobertura, realizada después de la siembra.

El zinc y el boro son micronutrientes, requeridos en cantidades mucho menores que el nitrógeno y el potasio.

Durante la fase de llenado, sin embargo, la planta necesita que estos micronutrientes estén disponibles de manera inmediata para las enzimas de formación del grano y para el transporte de azúcares.

En este caso, la aplicación foliar garantiza la absorción directa por las hojas, donde se está generando la energía.

Siendo también una herramienta eficaz para corregir deficiencias que surjan tardíamente en el ciclo.

El papel de cada nutriente en el post-espigamiento del maíz

El nitrógeno participa en la síntesis de proteínas y mantiene las hojas verdes, contribuyendo al efecto stay-green.

Ya el potasio y el boro son esenciales para el transporte de los azúcares (fotoasimilados) producidos en las hojas hacia los granos en desarrollo.

Por su parte, el zinc es fundamental en la formación del almidón, el componente principal del grano de maíz.

Manejo decisivo en un escenario de desafíos climáticos

En conclusión, el manejo del maíz post-espigamiento es, sin duda, un período decisivo que exige atención y estrategia por parte de los productores.

En un contexto global donde los desafíos climáticos son cada vez más frecuentes, un manejo bien ejecutado asegura que el esfuerzo de todo el ciclo se traduzca en rentabilidad.

Los productores de México que dieron el cuidado adecuado durante este proceso, sin duda, tendrán mejores resultados durante la cosecha.

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